ÉRASE UNA VEZ...

Opinión 13 de septiembre de 2020 Por María Porcel

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15 años, que son 5475 días, que a su vez suman 131.400 horas (los minutos y los segundos mejor nos los ahorramos). 15 años de abandono y silencio, en los que los diferentes partidos que han pasado por el Ayuntamiento de Albacete, así como las administraciones no le han visto las orejas al  lobo, se han convertido en el lobo. Un lobo que ataca sigilosamente, desde la más absoluta desidia, mutismo y parálisis; y cuyas víctimas cumplen un perfil: extranjero, de recursos limitados, temporero, si es subsahariano mejor que mejor, si es ilegal se ponen las botas, pero ante todo ser humano.

Desde que allá por julio, hace apenas 50 días, saltase la olla a presión que llevaba al límite desde hace 15 años han sido tantas y tan vergonzosas las actuaciones de nuestras administraciones que no da para un libro de terror, da para una saga que se podría titular: “Como hacer mal las cosas e irte de rositas”.

Pero el nuevo capítulo al que se enfrentan no solo los temporeros, sino también parte de la ciudad de Albacete es: “¿Ahora qué?”. Apenas quedan dos días para el 15 de septiembre, día en el que los chicos se quedan en la calle, con las escasas pertenencias que les quedaron después de que misteriosamente los asentamientos donde malvivían saliesen ardiendo. En las casi 3 semanas que los chicos llevan en dos pabellones polideportivos de nuestra ciudad, su alimentación ha dependido básicamente del corazón y la solidaridad individual de los vecinos de Albacete, una solidaridad que de individual ha pasado a ser un bien colectivo para los muchachos y aunque muchos no lo sepan o no quieran reconocerlo, de nuestra ciudad. En estas 3 semanas, desinteresadamente el Cotolengo les ha dado desayunos y comidas, gracias a su buen hacer y a que esas personas voluntarias han aportado sus manos y sus ganas para colaborar en la cocina y no desbordar más la situación a la que se enfrenta esta institución. Las cenas de los chicos han sido fruto de la solidaridad, las donaciones anónimas, la humildad, los viajes en coche de los voluntarios para llevar comida, las personas ofreciendo ropa, material de cocina, pero sobre todo han sido la receta del amor y la empatía, que es eso que ninguna de nuestras administraciones ha conseguido aportar ni en estos 15 años, ni estos casi 2 meses.

 En estas 3 semanas que casi 100 personas llevan en dos pabellones polideportivos metidos no se ha visto aparecer ni a un político, ni a ninguna institución de esas que supuestamente están para ayudar, pero claro, ya pasó el temporal del IFAB y en no habiendo cámaras ni periodistas de por medio no ha de haber más alegoría a la (falsa) solidaridad.

Ahora llega ese momento del libro en el que te daban a elegir dos opciones, una te llevaba al final y otra te hacía seguir leyendo historias de bosques, lobos, brujas y fantasmas; aquí está más que claro que el final, por desgracia ni siquiera se ha escrito, y el lobo, que viste traje de chaqueta y muerde en la dignidad de las personas y las brujas que se benefician de la caridad pero miran a otro lado en los momentos de mayor necesidad, son los artífices del siguiente episodio.

En 2 días los chicos salen a la calle, en 15 años... (para saber qué pasa a continuación solo tienes que volver al principio de esta historia).

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