Pero, ¿qué mierda es esta?

Opinión 26 de abril de 2021 Por Elena de Sus
Rocío Monasterio ha reventado el debate de la SER. Una corriente mediática intenta explicar en tono solemne que la democracia consiste en aceptar con serenidad que alguien decida cagarse en tu cara

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Hoy se iba a celebrar el segundo debate electoral en la Cadena SER con todos los candidatos a la presidencia de la Comunidad de Madrid excepto Isabel Díaz Ayuso, que no había querido asistir. A lo que finalmente ha ocurrido no se le puede llamar debate de ninguna forma.

Nada más empezar, Rocío Monasterio puso en duda las amenazas de muerte que Pablo Iglesias denunció haber recibido por carta y le instó a irse. Iglesias se levantó y se fue.

La moderadora, Angels Barceló, intentó evitarlo y le pidió que respondiera a la provocación (expresión literal) mientras, por detrás, Monasterio calificaba a Iglesias de esta forma: “No solo mala gente, sino una aberración”. Ángel Gabilondo murmuró: “Pablo, tienes razón pero no te vayas”. Pero Pablo se fue, mientras Rocío, satisfecha, decía “lárgate, eso es lo que quieren muchos españoles, que te vayas de España”. A continuación, se reanudó el debate como si nada hubiese ocurrido.

(Ctxt)

La escucha resultaba surrealista, no solo por la indiferencia ante lo que acababa de suceder, sino por el contenido mismo del debate. Prácticamente nadie querría seguir adelante con una conversación en la que el interlocutor mantiene el nivel de agresividad que estaba mostrando Monasterio, ya sea en un debate electoral, en una sobremesa, en el patio del cole o en un bar de los que tanto nos gustan, salvo que se busque la violencia directamente. Y sin embargo, ahí estaban Edmundo Bal, Mónica García y Ángel Gabilondo escuchando faltadas múltiples (“amargada” a García) y debatiendo principalmente las propuestas de una Monasterio que se reía y les interrumpía sin parar ante la impotencia de la moderadora.

Y quién sabe si habría sido así hasta el final de no ser por una pausa publicitaria en la que tal vez, y solo tal vez, alguien de sus equipos informó a Gabilondo y García de que ciudadanos y medios de izquierdas les estaban poniendo a caer de un burro en las redes sociales por su pasividad.

Cuando se encendieron los micrófonos de nuevo, Gabilondo condenó “sin paliativos” las amenazas a Iglesias y anunció que se iba. Después, cuando llegó su turno, Mónica García hizo lo mismo. Edmundo Bal les pidió por favor que se quedaran, que irse era “hacerle el juego a la señora Monasterio”, les pidió, no a la candidata de Vox sino a García y Gabilondo “paz y calma” y dijo que la democracia en 1978 se había obtenido “con la palabra, sin levantarnos de esta silla”, cosa que no es estrictamente falsa, pero no vamos a hablar de eso ahora.

Gabilondo y García no llegaron a irse, pero, visto el percal, Angels Barceló dio por finalizado el debate. Rocío Monasterio reclamó que quería cerrarlo ella y terminó diciendo que “la SER es una dictadura”. Sin embargo, en su desconexión madrileña, la radio dictatorial decidió preguntarle a la disidente Monasterio por sus impresiones respecto al debate que les acababa de reventar.

Algunos comentaristas opinan que la actitud de Monasterio buscaba mostrar un enfrentamiento con el establishment periodístico, al estilo de Trump. Si es cierto que Vox quiere eso, desde aquí les mando mucho ánimo, porque, como hemos comprobado hoy, es una misión prácticamente imposible.

Cuando Iglesias abandonó el debate, el PP de Madrid publicó un tuit que decía “Iglesias, cierra al salir. 4 de mayo”. Más adelante, lo borró. Preguntado por ello, Pablo Casado ha explicado que desconocía los hechos, pero que seguramente lo que quería expresar su partido es que “en los debates es bueno estar”. Curiosa respuesta teniendo en cuenta que hablamos de un debate al que Isabel Díaz Ayuso, la candidata popular, había rechazado asistir.

La democracia, en fin, es una cosa muy extraña.

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