No fue un intento de fuga, si no una protesta, dejen ya de mentir

Cartas al director 06 de agosto de 2020 Por María Ángeles (Llanlle) Millán Callado.
Recomendamos la lectura de esta carta escrita por una voluntaria que muestra su indignación frente a los ataques racistas y la mala información que se está dando de él colectivo de temporeros de Albacete.

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Desde ayer (5 de agosto de 2020) no dejo de ver, leer y escuchar noticias en referencia al "incidente" protagonizado por los temporeros confinados en el IFAB de Albacete y no me puedo sentir más indignada, dolida y asqueada por mis conciudadanos. Nunca hubiera pensado que la sociedad albaceteña podría hacer gala de tamaña falta de empatía, solidaridad y sentido común. No me esperaba que los albaceteños y albaceteñas fueran tan hipócritas, tan injustos y tan estúpidos. Sí, estúpidos, porque muchas de las declaraciones que llevo escuchando durante estas horas sólo se pueden tildar de eso. De estupidez, de ignorancia, y de manipulación. Muchísima manipulación.

Antes que nada me gustaría puntualizar que hablo de esto de primera mano porque estuve allí, desde por la mañana y hasta que se disolvió el último grupo, hablando con temporeros, antidisturbios y miembros del 112 por igual, de manera voluntaria y personal, simplemente por el interés de ayudar en un problema en mi ciudad de la única forma que estaba en mi mano, que era dando mi apoyo y mi palabra. Poco más pude hacer que escuchar, a unos y a otros. Algo que a muchos albaceteños les ha faltado, pero no por eso se abstienen de opinar.

También conviene aclarar que lo de ayer no fue un "intento de fuga" si no una protesta. Si de verdad quisieran haberse fugado, tuvieron la oportunidad, a primera hora de la mañana, antes de que las fuerzas de seguridad hicieran su despliegue de fuerza y de medios. Sin embargo, el grupo permaneció en el exterior del recinto, con pancartas y actitud pacífica porque su intención era la de hacerse ver, hablar y escuchar. Simple y llanamente eso. Y como cualquier otro ciudadano, tienen DERECHO de expresarse libremente sin que se les coarte por ello.

En muchas de las declaraciones que estoy escuchando estos días se alega que "nosotros también estuvimos confinados 3 meses y no nos quejamos". Este sin duda es el ataque a la inteligencia más burdo y ridículo que se puede echar a la cara y cualquiera con dos dedos de frente debería ser consciente rápidamente de que las situaciones no son de lejos comparables, y pretender otra cosa no es más que intención de envenenar el discurso.

Sí, es cierto que nosotros hemos estado confinados tres meses pero, ¿En qué condiciones? Hemos estado confinados en nuestras casas, con nuestras pertenencias. En el mejor de lo casos, con nuestros seres queridos. En el peor, solos. Sin nadie que pudiera poner en riesgo nuestra salud. Los que tuvimos la mala suerte de contagiarnos, incluso al inicio de la pandemia, tuvimos, si no se nos pudo proporcionar otra cosa, un médico que nos escuchaba y atendía por teléfono, seguía nuestra evolución y nos tranquilizaba en nuestro idioma (de nuevo, habla la experiencia). En nuestro confinamiento, tuvimos muchos la suerte de seguir trabajando. Y los que no tuvieron esa suerte, al menos estuvieron en un lugar seguro, con su baño privado. Tuvimos nuestra cama, nuestro Internet, nuestras videollamadas, salimos a correr, nos tomamos la cervecita en el balcón hablando tranquilamente con los vecinos, acudiendo a la nevera cuando nos daba la gana y agotando la levadura de todos los supermercados para hacernos bizcochos. Y, sobre todo, sin tener a un policía armado en la puerta para impedirnos el paso. Soy consciente, por supuesto, de que la pandemia ha traído muchos dramas personales también. Gente que ha perdido a seres queridos o sus empleos, pero eso no nos da legitimidad para quitarle el valor al sufrimiento de nadie o a dar la espalda al problema de otro ser humano, sobre todo cuando lo hemos provocado nosotros.

No somos conscientes, o no queremos serlo, de que estamos hablando de 230 personas HACINADAS (que no confinadas) conviviendo juntos en un mismo espacio, compartiendo OCHO BAÑOS para todos (hagan cuentas a ver si se puede respetar las medidas de higiene y distancia personal) en los que incluso deben lavarse la ropa como pueden. Que cada uno tiene una nacionalidad, una cultura y un idioma diferente. Que no se conocen entre ellos.

Parece que se nos ha olvidado pronto el miedo que produce la incertidumbre en torno a este maldito virus, la angustia por nuestra propia salud y la de la gente a la que queremos, la ansiedad del confinamiento. No creo que sea difícil de entender que ese miedo, esa ansiedad, ese estrés se acentúa si encima estás lejos de tu país, en una situación precaria, en un entorno hostil en el que nadie te explica nada ni se molestan en lo más mínimo por escucharte, atenderte o hacerse entender. Estas personas (que parece que se nos olvida que son personas) han sido hacinadas dejando atrás muchas de ellas sus pocos o muchos efectos personales, lejos de sus familias, sin asistencia médica regular, sin un intérprete, asistente social o mediador cultural, sin más ayuda o apoyo que el de los voluntarios y de sus propios compatriotas que, en un alarde de solidaridad pese a estar en sus mismas circunstancias, se ofrecen como traductores a pesar de sus propias dificultades con el idioma, para aquellos que se comunican peor.

Si alguien se hubiera molestado en escucharlos antes de juzgarlos sabrían que su LEGÍTIMA reivindicación se debía a que llevan más de 20 días confinados sin que nadie les haya informado de su estado de salud. Veinte días en que, pese a ser sometidos a varios test, nadie les ha dicho si son o no positivos. No saben si están enfermos, si pueden ser un peligro para sus compañeros o no. Y aquellos que en primer lugar estuvieran sanos, a cada día que pasa aumentan sus posibilidades de enfermar. Algo relativamente sencillo teniendo en cuenta que no han dejado de surgir casos positivos y que las condiciones de aislamiento son deficientes y precarias.

Me pregunto cuántos de nosotros hubiéramos aguantado más de 72 horas sin saber los resultados de las pruebas PCR o nuestros análisis sin llamar al médico, poner el grito en el cielo o reclamar a atención al paciente (y atacando un poquito al gobierno por si acaso, que nunca falte). Pero cuando los temporeros hacen lo mismo a ojos del "ciudadano de bien", son unos desagradecidos. ¡Que tienen hasta porterías en el patio para jugar al fútbol! ¿Cómo se quejan? Que parece que se nos olvida que no estamos hablando de los presos de un penal, ni de delincuentes, ni de animales. Que hablamos de trabajadores, de seres humanos, de hombres libres.

Me gustaría recordarles a aquellos que se les llena la boca diciendo que "todos hemos sufrido el confinamiento y no nos hemos quejado" esas manifestaciones en plena OLEADA de contagios, con esa "gente de bien" enarbolando sus cacerolas al grito de "libertad" (¿Libertad para qué exactamente? ¿Para irnos a echar una cervecita en la terraza de un bar?), sin mascarillas y sin distancia de seguridad. Me gustaría que alguien me dijera dónde estaban entonces los casi 100 efectivos antidisturbios que se concentraron ayer en el IFAB. Desde luego no estaban cortando la Avenida para controlar semejante ATENTADO a la salud pública. Pero si queréis, podéis seguir pensando que el trato es el mismo. También os recuerdo que el grito de libertad que enarbolando ayer los temporeros eran muy diferente al de entonces. Que ellos lo único que quieren saber es si están en condiciones de trabajar para proteger a su familia. Trabajar 12 horas al sol, compartiendo una botella de agua entre varios, recogiendo la cebolla y el ajo en el campo. Un trabajo necesario, que se realiza en condiciones precarias, y que los albaceteños NO QUIEREN hacer. Pero si tan bien viven los temporeros, cuando queráis podéis coger esos puestos. Creo que siempre hace falta mano de obra.

El último punto que me gustaría aclarar es que el conflicto no se solucionó por la "magnífica actuación policial". El despliegue de las fuerzas de seguridad del estado fue desproporcionado e innecesario, ya que finalmente no fue necesario que llegaran a intervenir para disolver la concentración. El conflicto se solucionó por la vía del DIÁLOGO, ya que los mismos temporeros decidieron volver al IFAB (y mediar con sus propios compañeros más reacios y hacerles de intérpretes ya que, de nuevo, no tenían asistencia en ese aspecto) cuando se les garantizó algo que se les debería haber garantizado desde el PRIMER MINUTO: Ser separados en grupos pequeños, controlar los brotes, atender debidamente a los positivos y dar el alta a los negativos para que puedan volver a su trabajo lo antes posible. ¿Qué locura verdad? ¡Qué osadía pedir semejantes cosas! (Pero no os preocupéis, que ya están todos escondidos de nuevo y no pueden contagiar a nadie, como tanto miedo tiene el alcalde. Pero no olvidéis salir de fiesta esta noche. ¡Que el ocio nocturno no pare!)

Y aunque creo que en general, la disposición de los antidisturbios fue positiva, comprensiva y empática en su mayoría, también me gustaría aclarar que no hubo efectivos heridos, salvo rasguños leves en antidisturbios y temporeros POR IGUAL debido a la carga inicial de los antidisturbios, a excepción de un temporero que tuvo que ser atendido por los servicios sanitarios e instado a ser traslado al hospital por una posible fractura (algo que los medios, por dejadez o falta de interés, se han olvidado de mencionar).
 
Si has leído hasta aquí, agradezco la atención y me disculpo por la extensión de esta carta. Espero que haya servido, al menos, para saber que toda moneda tiene dos caras.

Un abrazo.

María Ángeles (Llanlle) Millán Callado.

PD: En la foto se ve volviendo a los temporeros andando y sin intervención policial al IFAB después de lograr el acuerdo.

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