EL PLANETA SIGUE AHÍ

Opinión 14 de junio de 2020 Por Colectivo Puente Madera

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Buenos días. La nuestra es una historia real, nacida de las entrañas de la tierra manchega. Somos una familia de conejos que vive en una madriguera cerca de Albacete, en un monte próximo al río Júcar. Hace muchos soles un humano montado en bicicleta bloqueó la entrada a nuestra madriguera con una gran piedra, parece que porque nuestra puerta estaba en mitad de un nuevo sendero que los humanos habían abierto entre las matas de las que nos alimentamos.

Gracias a que, inexplicablemente, los humanos desaparecieron del monte durante soles y lunas, toda la familia trabajando unida pudo abrir una nueva entrada, cuando ya nos encontrábamos al borde de la inanición. De nuevo, no sabemos por qué, los humanos han regresado y uno de ellos ha vuelto ha colocar otra piedra en nuestra nueva salida al sol y la comida. Mis hijos, mis gazapillos, están muriendo de hambre.

Recientemente muchos hermanos nuestros de diferentes especies han percibido cómo el silencio y la tranquilidad volvían a nuestras vidas. Hemos vivido, sufrido, gozado y muerto solamente según las leyes de la madre naturaleza, sin ninguna intervención humana. Las tortugas volvieron a las playas, las cabras salvajes a los montes, los jabalíes a las antiguas cañadas ahora ocupadas por edificios. Nuestros pájaros, surcando un cielo límpido como nadie recordaba haber visto, se acercaban a las colmenas en las que viven los humanos, y esto nos contaban: los veían a unos encerrados tras los cristales, a otros aplaudiendo en los balcones, a otros gritando, a otros muchos embozados y ajetreados, apresurándose en el cuidado de sus congéneres enfermos…

Nosotros nos compadecemos de ellos. Sabemos lo que es el sufrimiento y sabemos lo que es sentirse vulnerables e indefensos, como ellos se han sentido. También los pájaros nos andan avisando de que ahora, quizá por miedo a algo, los humanos están usando más sus coches y que tiran más y más plásticos. Pero, de una manera que no sabría explicar, por esa corriente de vida que nos conecta a todos los seres vivos y a la madre tierra, sabemos también que ellos han sentido que son uno, que todos ellos son uno, que todos somos uno con la tierra, y que si no nos salvamos todos nadie se salva.

Mientras esperamos que otro humano bondadoso aparte esta roca que nos mata, anhelamos que los tiempos de paz y de armonía de las especies con el planeta no se rompan, que la vida y la muerte se acompasen a los ritmos de la naturaleza. Que los humanos vuelvan a su vida, a su normalidad, pero que no se olviden de nosotros, que no se olviden de que nosotros seguimos aquí, ni de que ellos sin nosotros nada serán. ¿Lo harán? Han sentido que son frágiles, como un gazapillo asustado más: ¿se les olvidará?

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